La vida fabril era dura y mal pagada. Los obreros laboraban 14 y más horas diariamente. Entraban a las seis de la mañana y salían 8:30 de la noche, disponiendo tan solo de una hora en la jornada para tomar sus alimentos. Recibían pésimo trato de parte de directores, correteros, maestros, cabos y empleados de confianza, que hasta se daban el lujo de propinarles coscorrones y puntapiés si tenían alguna falla o abandonaban momentáneamente el lugar y en esos momentos llegaba a pasar uno de los anteriores señalados.
Un mudador ganaba 25 centavos diarios y un tejedor, que era
el mejor pagado, obtenía hasta diez pesos a la semana… los sueldos no cubrían
las necesidades básicas de la familia pues de la raya tenían que salir para
comer, para vestir y para ver al “curandero” cuando alguien enfermaba [...] al trabajador se le aplicaban en la fábrica sendas
multas por distintas causas, aunque él no fuera culpable, digamos, por ejemplo,
por el deterioro del material causado por el constante uso… Por una lanzadera
rota le quitaban cincuenta centavos al tejedor. Por una canilla que estuviera
tirada en el suelo, multaban con diez centavos al oficial más próximo. Por una
libreta mal cuidada un tostón. Por un pasatrama roto una peseta. Y aquel que
era sorprendido fumando en el excusado, además de llevarse un regaño y
respectivo puntapié, le quitaban de su raya un tostón. Y si alguien se dormía y
no entraba el lunes, aparte de que no le pagaban el día, todavía lo multaban
con un peso y amenazaban con degradarlo en el trabajo o separarlo… Había otra
clase de exacciones, que los empresarios llamaban indemnizaciones por
producción defectuosa y por las cuales mermaban los salarios de los tejedores,
sea por un hilo corrido, una marra, un hilo doble o cualquier otro defecto
visible […] A todo lo anterior, le cargamos la obligación de pagar de su propio
sueldo al peón cargador de telas.

Obreras de Río Blanco
Los obreros estaban en la inopia con tanta explotación,
ahora ya no solamente del patrón sino también de un monopolista extranjero que
controlaba las tiendas de raya en la región y que les proporcionaba víveres y
aguardiente a precios exorbitantes o les vendía vales con un 25% de rédito en
una semana.

TIENDA DE RAYA
Calladamente el obrero soportaba todo, pero ya en su
espíritu se iba forjando una idea de rebelión contra tanta injusticia. En el
año de 1896 un buen día en forma inesperada en la fábrica de Río Blanco se les
hace saber a los tejedores que todos los martes y jueves tendrían que trabajar
hasta las 12 de la noche[…] Los tejedores no soportaron más y estallaron en
cólera ante las pretensiones de la empresa […] acordaron no aceptar la monstruosa
disposición […] después de la hora acostumbrada a salir nadie quiso seguir
laborando, abandonando la factoría[…] Al ver la empresa que el movimiento fue
colectivo y había peligro de que los obreros tomaran medidas más drásticas opto
mejor por desistir de sus propósitos de aumentar el número de horas de trabajo,
sistema que si se llevaba a efecto en fábricas de Puebla y Tlaxcala.
La fábrica de Río Blanco se expandía y un nuevo departamento de telas se ponían en marcha gracias al trabajo de los obreros, sin embargo, la empresa lejos de considerarlos, se volvió más drástica y aumento en forma escandalosa el cobro de multas por ropa defectuosa. Los trabajadores no pudieron reprimir su ira y en masa fueron a protestar ante el director de tejidos […] El director no hizo caso y a gritos los mando que regresaran a su lugares; pero todos los tejedores no se amilanaron por las amenazas del director Stadelman y sabiendo que estaban pidiendo algo justo, decidieron dejar las maquinas e irse a la calle. Al saber lo sucedido, los tejedores del otro departamento hicieron causa común y también abandonaron el trabajo. A orillas del Río Blanco se reunió la mayoría para nombrar una comisión que se encargara de entrevistar al administrador.
Los comisionados fueron a hablar con la empresa y ante la
sorpresa general de sus compañeros obtuvieron que fueran abolidas las multas
por producción defectuosa y también lograron un pequeño aumento de tres y cinco
centavos en algunas marcas de telas. Explosión de júbilo fue la que estallo
entre los tejedores que empezaron a comprender que la fuerza dependía de la
unión de los obreros. Por primera vez habían presentado un pliego de peticiones
ante la compañía y habían obtenido resultados favorables. Eso ocurría en el
transcurso del año de 1898.
Y así, sin temor al peligro que para ellos representaba el
hacer reuniones, los obreros de la fábrica de Río Blanco empezaron, en pequeños
grupos, a darse cita en la casa del señor Andrés Mota, los días domingo, para
deliberar sobre la conveniencia de formar un frente de defensa […] Destacaban en
las juntas, como paladines del incipiente movimiento de unidad, las figuras del
profesor José Rumbia, el obrero Manuel Ávila y José Neira que había arribado a
Río Blanco a principios de 1906 y quien tan pronto empezó a laborar en la
fábrica hizo contacto con los antes señalados para ayudar a la causa exponiendo
que él estaba en contacto con los hermanos Flores Magón acérrimos enemigos de
la dictadura porfirista.
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La
asamblea que marco la ruta de lucha fue la efectuada el 2 de abril de 1906.
Manuel Ávila y José Rumbia con voz calmada, llena de fervor en sus ideales,
pedían que se organizara una Sociedad Mutualista que actuara en forma moderada,
sin precipitaciones […]José Neira se levantó de su asiento y “rugió” su
desacuerdo con ese plan explicando que se debía proceder con energía pues
obrando con suavidad solamente harían el ridículo…]Se llegó a un acuerdo:
Formar la directiva y darle nombre al grupo y, por aclaración unánime, se
aprobó el presupuesto por José Neira, “Gran Círculo de Obreros Libre de Río
Blanco.
Las juntas de trabajadores se simulaban de carácter
religioso o artístico; sin embargo, era ya imposible ocultar cual era el
verdadero fin pues ya era conocido en Nogales y Santa Rosa e inclusive llegaban
obreros de las fábricas de esas poblaciones para participar en los debates. De
ahí que tan pronto se formó el Gran Circulo de Obreros Libres de Río Blanco la
empresa textil inicio sus represalias y persecuciones contra quienes más
sobresalían.
Los trabajadores dentro del Gran Circulo lucharían por la
implantación de la jornada diaria de ocho horas de trabajo, mejores salarios,
servicios médicos en el interior de la fábrica y respecto a su condición humana
de trabajadores. Además, en el caso de que algún miembro del Gran Circulo fuera
reducido a prisión, encontraría la solidaridad del caso entre sus compañeros.
Pronto empezó a sentirse la fuerza del Gran Círculo y sus
actividades pasaron de las simples palabras a los hechos y así vemos que a
principios de junio del mismo 1906, los trabajadores de San Lorenzo se lanzan a
una manifestación de nogales a Rio Blanco, llevando a la cabeza a Francisco
Romero Sánchez y a José Neira, para protestar contra el administrador de
aquella fábrica.
Impacto tremendo causó en la región Orizaba la aparición
del primer número del periódico Revolución Social, órgano del Gran Circulo de
Obreros Libres de Río Blanco y el cual apareció el 3 de junio de 1906 […] La
prensa servía como arma de lucha a Neira y camaradas para orientar a la clase
obrera y para combatir a los periódicos gobiernistas que siempre pintaban la
situación mexicana como de las mejores del mundo […] Los industriales pusieron el
grito en el cielo cuando leyeron el periódico Revolución Social. Clamaron
justicia al gobierno, el Jefe Político le pidieron el encarcelamiento de José
Neira y socios.
José Morales asume el cargo de Presidente del Gran circulo, ya que el primero había muerto y el segundo tuvo que uir al ser perseguido por el gobierno [...] “Acepta el cargo y si al infierno nos llevas, allá iremos
contigo, Morales”. Dramático momento, José Morales se conmovió al ver la fe que
en el ponían ese puñado de hombres valientes, cansados ya de tantas vejaciones […] José Morales se dirigió al
gobierno del estado pidiéndole autorización para el funcionamiento de lo que llamaba
“Sociedad de Previsión y Ahorro” en la fábrica de Río Blanco y tuvo la
satisfacción de que don Teodoro Dehesa, que era el gobernador, le otorgara el
permiso requerido por conducto de Don Carlos Herrera, Jefe Político del
Cantón.
En octubre de 1906 José Morales fue llamado a Puebla por
Pascual Mendoza quien le dijo que los trabajadores de Puebla y Tlaxcala querían pertenecer al gran Círculo de obreros
Libres de Río Blanco y fueron aceptados con beneplácito general. Desde ese
momento la organización acelero su paso y pronto se tornó nacional pues lo
mismo de Querétaro, Hidalgo, México, Oaxaca, que de las fábricas de San Bruno,
el Dique en Jalapa y otras de distintos estados, ingresaban al Gran Circulo,
dándole una fuerza tremenda que hizo cundiera la alarma entre los capitalistas
que exigían al gobierno acabar con esa organización obrera y con sus dirigentes.
En el otoño de 1906 uno de los empleados superiores de La
Hormiga persuadía a los obreros a que solicitaran aumento de salario o disminución
de la jornada de trabajo; fue cesado por esa causa. Antes de abandonar la
fábrica pidió que se le permitiera despedirse de sus compañeros, y aprovechó la
ocasión para incitar a que declararan la huelga y pidieran su reposición.
Los obreros de la fábrica de Santa Rosa se lanzan a un
movimiento huelguístico el 22 de octubre de 1906 y hacen temblar a los
empresarios que jamás habían tenido un conflicto tan grande como ese que duro
más de veinte días pues los trabajadores volvieron a su labores hasta el 12 de
Noviembre de ese citado año y durante su periodo de huelga comprendieron la
fuerza que daba la unidad ya que sus compañeros de esta región, así como los de
Puebla, Jalapa, Tlaxcala y otro lugares, tan pronto supieron del problema les
enviaron ayuda económica y en víveres, lo que les permitió afrontar la
situación durante ese lapso.
El
capital se estremeció al comprobar la fuerza avasalladora que había adquirido
el Gran Circulo de Obreros libres y que había demostrado en la huelga de Santa
Rosa, por lo que también los señores industriales se organizaron formando el
Centro Industrial Mexicano… de inmediato acordaron establecer un reglamento de
trabajo en sus fábricas para evitar que los obreros siguieran unificándose y
exigiendo mejores salarios y jornadas con menos horas de trabajo.
Un reglamento oprobioso fue el que fijaron los patrones
poblanos y tlaxcaltecas que atropellaban así todos los derechos del hombre […] los
trabajadores laborarían más horas de lo acostumbrado en vista de la demanda de
ropa… el operario pagara a la empresa una indemnización por la ropa defectuosa
que llegue a producir, por las piezas que se rompas de su máquina, y que los
trabajadores no podrán recibir en sus casas visitas de parientes o amistades si
no es con el visto bueno de la empresa respectiva.
En los primeros días de diciembre se reunieron 500 obreros
poblanos en un teatro, para plantear sus peticiones de aumento de sueldos y
disminución de trabajo. Pronto sumaron 6,000 los huelguistas de la industria
textil poblana que se opusieron al nuevo reglamento impuesto por los
empresarios: jornada de trabajo de 6 de la mañana a 8 de la noche, con 45
minutos para comer; prohibición de visitas; y pago de los útiles que se
rompieran. Los obreros pidieron la derogación de ese reglamento y el aumento de
5 centavos en cada pieza de manta gruesa y tres en la fina. Durante los
primeros días de diciembre su comportamiento fue pacífico. A los poblanos se
unieron los tlaxcaltecas, con lo cual el total de huelguistas ascendió a 6,800.
Un diario católico calificó de injustas sus pretensiones. Los propietarios
resolvieron no acceder, y los huelguistas amenazaron con una huelga general.
Los voceros oficiales calificaron de ridícula su actitud y afirmaron que sólo
consideraban su interés particular. Para el 6 de diciembre ya era total la
huelga en 34 fábricas poblanas y tlaxcaltecas.
Tres mil obreros se reunieron en el Teatro Guerrero de la
ciudad de Puebla para estudiar un proyecto de reglamento… En él se prescribía
una jornada de trabajo de 6 de la mañana a 8 de la noche, menos 45 minutos para
almorzar y otros tantos para comer. Los sábados terminarían las labores a las
cinco y media de la tarde; el 15 de septiembre y el 24 de diciembre sólo se
trabajaría medio día. No se admitiría a trabajar a ningún obrero ebrio. Se
pagarían los sábados. Los empleados no podrían maltratar a los obreros, porque
esto, además de constituir un delito, era un hecho salvaje reprobado por las
naciones cultas; los obreros también respetarían a sus superiores. Se prohibía
a empleados y maestros cobrar a los obreros por proporcionarles trabajo. Los
maestros vigilarían las máquinas, los obreros las conservarían en buen estado y
no serían responsables por averías accidentales. Por arbitraria se derogaría la
orden de que no leyeran periódicos. No se descontaría a los obreros el pago del
médico, de la tienda ni ninguna otra cosa. Los obreros que tuvieran comisiones
legales no serían separados por ese motivo; en cada centro de trabajo habría
dos representantes del Círculo de Obreros para informar a la administración de
la fábrica y a su sociedad de los desórdenes que advirtieran. Se prohibía el
trabajo a aprendices menores de 14 años, de acuerdo con la ley de instrucción
pública. El pago de los tejidos defectuosos y el de los no incluidos en ese reglamento
se haría a juicio de la comisión permanente de cada fábrica. Se prohibirían las
tiendas de raya, por anticonstitucionales y perjudiciales para la clase obrera.
Dueños, administradores, gerentes y maestros de las fábricas obedecerían rigurosamente
los artículos V y XIII de la Constitución. El operario que por falta de
ayudantes desempeñara el trabajo de éstos recibiría la remuneración que a ellos
correspondería por esa labor. Los obreros que por debilidad física no pudieran
desempeñar el trabajo solicitado por la fábrica, no serían cesados por ese
motivo, "pues, como es de entenderse, no será posible que todos tengan
fuerza igual; lo mismo que los obreros mayores de edad que han acabado sus
vidas en las fábricas, sólo por esta razón deben ser dignos de toda
consideración". En los accidentes de trabajo se pensionaría al operario
con la mitad de su jornal durante el tiempo que residiera en la fábrica. A
quienes trabajaran de noche se les aumentaría un 25 %, por ser un trabajo más
rudo. Se consideraron como días festivos los siguientes: 6 de enero; 2 y 5
de febrero; 19 de marzo; lunes y martes de carnaval; jueves y sábado de la
Semana Mayor; 5 de mayo; jueves de Corpus; 24 y 29 de junio; 15 de agosto; 8 de
septiembre, sólo en Puebla y Atlixco; 9 y 2 de noviembre; y 8, 12 y 25 de
diciembre.
Ante la vil actitud industrial, los trabajadores de Puebla
se pusieron en huelgo el 3 de diciembre de 1906, todos dispuestos al sacrificio
antes que seguir permitiendo más injusticias y esclavitud… La huelga se fue
generalizando a todas las fábricas textiles de los estados de Puebla y Tlaxcala
y todos los trabajadores acordaron no acatar ninguna de las cláusulas del
reglamento, exigir mejores salarios y reducción de horas de trabajo.
Los propietarios estaban muy confiados en que la huelga
fracasaría, porque no necesitaban a los obreros, cuando menos durante las tres
semanas que emplearían en instalar una nueva maquinaria. En los primeros días
de diciembre regresaron 250 operarios del departamento de estampados, pero
continuaron en huelga 350 tejedores, dispuestos a resistir, con la ayuda que
les proporcionaba el Gran Círculo de Obreros Libres, o a cambiar de oficio como
lo habían hecho cinco años antes, cuando la fábrica cerró durante un año por el
alza del algodón.
Apenas los obreros de Puebla y Tlaxcala elaboraron su
contrarreglamento y se lanzaron a la huelga, los del valle de Orizaba les
empezaron a enviar ayuda, pero siguieron trabajando; en ese sentido, habían
permanecido relativamente fuera del conflicto. El 24 de diciembre, sin embargo,
los que sabían leer se encontraron con un
letrero en las entradas de las diferentes fábricas que anunciaba la
suspensión del trabajo hasta nuevo aviso.
¿QUÉ OPINAS DE LA SITUACIÓN LABORAL QUE VIVÍAN LOS OBREROS EN EL PORFIRIATO?
¿QUÉ DIFERENCIAS Y QUÉ SEMEJANZAS HAY CON LA SITUACIÓN LABORAL QUE VIVIMOS EN LA ACTUALIDAD?
DEJA TU OPINIÓN EN COMENTARIOS ⇊
Reconociendo la magnitud del caos, los industriales de todo
el país se reunieron el sábado 22 de diciembre de 1906 en la capital a
invitación que les hiciera el Centro Industrial Mexicano, que les pidió a todos
su cooperación decidida para acabar con el conflicto que amenazaba con darle
dolor de cabeza a todos los patrones si no ponían un hasta aquí definitivo a
los trabajadores. Los empresarios tomaron una determinación fulminante, el
cierre de todas las fábricas que existían en la República pues uno de ellos dijo que los obreros se habían
organizado en tal forma que si una sola fabrica laboraba de ahí saldría la
ayuda para los huelguistas.
Se
dijo que el plan de los obreros era declarar huelgas parciales, con el objeto
de ir venciendo una por una a las diversas fábricas, y de que los que
trabajaban pudieran ayudar a los huelguistas. Enterados los empresarios de este
propósito, o con este pretexto, decidieron cerrar todas las fábricas de una
vez, aprovechando la época de los balances y el hecho de que tenían muchos
productos almacenados; el cierre no les acarrearía pérdidas.
Enterados
los empresarios de que los obreros de las otras fábricas textiles donaban un
día de salario para auxiliar a los huelguistas, decidieron cerrar, dejando a
unos 22,000 hombres sin trabajo. Los voceros de la política oficial
reconocieron que los propietarios debían mejorar las condiciones de trabajo de
los obreros, hasta por su propia conveniencia, pero no ceder por la huelga. En
las fábricas de Orizaba quedaron sin trabajo unos 10,000 obreros. Según unos,
el paro debía doblegar a todos los trabajadores textiles, otros invocaban el
pretexto de los balances. La prensa gobiernista se apresuró a advertir que en Orizaba
había dos compañías del 13° batallón de
infantería…Los propietarios del Distrito Federal y de los Estados de Veracruz,
México, Querétaro y Guadalajara decidieron suspender las labores, dejando
cesantes a 25,000 obreros y afectando a unas 100,000 personas. La prensa
gobiernista advirtió de nuevo que en Orizaba, en Puebla y en Querétaro había
más de dos mil soldados con las órdenes más severas y estrictas para reprimir
cualquier desorden; exhortó a los obreros a que regresaran a sus labores y
obtuvieran por otros medios el aumento de salario. Las fábricas más importantes
tenían anexas viviendas (generalmente de dos piezas, con buena agua y ventilación);
por lo pronto no se ordenó que fueran desalojadas por los huelguistas.
No
había ninguna huelga en Orizaba y otras regiones; eran los patrones los
culpables del cierre de las factorías y de la situación aflictiva por la que
cruzaban sus trabajadores a los que lejos de calmarlos los exaltaba y hacia que
fuera mayor el odio que sintieran por sus explotadores
El paro patronal los tomaba desprevenidos y sin la esperanza
de recibir el habitual auxilio solidario de los trabajadores del altiplano;
algunos comerciantes en pequeño, perjudicados por el comercio monopolista de Víctor
Garcín, habían ofrecido créditos a los obreros y el jefe político mismo les proporciono
algunos víveres […] Así, si ahorros y sin trabajo, el fantasma del hambre apareció
y se comenzó a vivir empeñando los enseres y vendiendo pieza a pieza cuanto
contenía la casa.
Al
fin Porfirio Díaz cedió a las peticiones y anuncio que el viernes 4 de enero de
ese año de 1907, recibiría a representantes obreros y patrones para escucharlos
y dictar su fallo que pusiera fin al
conflicto […] Hacia el mediodía del viernes 4, los representantes obreros,
acompañados del vicepresidente, pasaron al despacho presidencial donde fueron
recibidos por el general Díaz quien les leyó su laudo, diciéndoles que ya los
patrones lo habían aceptado y que por tanto el lunes 7 a la hora de costumbre
empezarían las labores en cada fábrica textil.
Caricatura alusiva a la época del porfiriato
[…] el abominable laudo dictado por el tirano Porfirio Díaz
que fue la chispa que encendió el ánimo de los trabajadores textiles en Río
Blanco y la región.
Los industriales ofrecieron uniformar las tarifas de todas
las fábricas, sobre la base de que las condiciones de trabajo fueran idénticas
en las máquinas de preparación de hilados; a los obreros no comprendidos en
este caso se les pagaría según los convenios que celebraran con los
administradores respectivos; la nivelación de sueldos se haría sobre el promedio
de tarifas más altas; se establecería el sistema de primas para los que
produjeran más y mejor; todo esto habría de realizarse lo más pronto posible.
Se daría a cada obrero una libreta (con un valor no superior a 50 centavos),
para que los administradores anotaran la conducta, laboriosidad y aptitud del
trabajador; los obreros que perdieran su libreta deberían reponerla a su costa.
Los industriales ofrecieron destinar las multas a un fondo para auxiliar a las
viudas y huérfanos de los obreros; no se les descontaría el pago de médicos ni
los días de fiestas religiosas o nacionales, ni se les haría ningún otro
descuento; cada fábrica pagaría un médico para los obreros; sólo se cobrarían a
los obreros los materiales que destruyeran culpablemente (la culpa la
determinaría el administrador, tomando en consideración los informes de los
maestros); los obreros podrían recibir a quienes quisieran en sus habitaciones,
y la autoridad dictaría los reglamentos necesarios para la conservación del
orden, la moral y la higiene; cuando un obrero fuera separado de una fábrica por
una causa que no constituyera un delito, sino una infracción al reglamento de
la fábrica, tendría un plazo de 6 días para desocupar la casa en que viviera;
en caso contrario, la desocupación debería ser inmediata. Los obreros que
tuvieran que hacer alguna reclamación deberían presentarla personalmente, por
escrito, al administrador, quien daría respuesta a más tardar en quince días;
quedaban obligados a esperar la resolución, y si ésta no les satisfacía podían
separarse del trabajo. Los industriales se comprometieron a mejorar las
escuelas que tenían en las fábricas, y crearlas donde no las hubiera, para que
los hijos de los obreros recibieran educación gratuita. No se admitiría que
trabajaran niños menores de 7 años; los que pasaran de esa edad sólo podrían
trabajar con el consentimiento de sus padres, y se les daría tiempo para que
acudieran a las escuelas a terminar su instrucción primaria elemental; se
recomendaba a los gobernadores y a la Secretaría de Instrucción Pública la
reglamentación de las escuelas de las fábricas. Los obreros, por su parte, se
comprometían a aceptar que los jefes políticos nombraran personas que se
encargaran de la dirección de sus periódicos,
*Con el objeto de
que en ellos no se deslicen injurias para nadie ni se publiquen doctrinas
subversivas que extravían a los mismos obreros. Éstos podrán escribir en los
mismos periódicos, dentro de esos límites, todo lo que gusten, con el objeto de
levantar el nivel de las clases trabajadoras y de inspirarles hábitos de
honorabilidad y de ahorro.
*Artículo 9°-Los
obreros quedan comprometidos a no promover huelgas, y menos intempestivamente,
puesto que en la cláusula V se establece la forma de que hagan conocer las
quejas y sus solicitudes, con el fin de satisfacerlas hasta donde sea justo.
[…] puede concluirse que la violencia que asumió el enfrentamiento
del 7 de enero en Río Blanco fue resultado de varios factores entre los cuales
se pueden destacar los siguientes: a) el carácter de enclave del lugar, b)
el fracaso de las negociaciones entre los trabajadores y los empresarios, c)
la posición ambigua asumida por el gobierno de Díaz, al entregar un laudo
que no satisfacía las demandas de los obreros textiles y d) la
inexistencia de fuentes alternativas de abastecimiento a las tiendas de raya. Este
último factor, que descansaba en el monopolio que ejercían las tiendas de raya
en la venta de alimentos y otros productos a los trabajadores, problema que no
afectaba en forma tan aguda a los obreros textiles de la zona de Atlixco, fue
el detonante que provocó la violencia que expresaron las mujeres de Río Blanco
en la madrugada del 7 de enero.
No
obstante, como lo veremos más adelante, estos factores pueden considerarse
como los inmediatamente responsables del estallido de la violencia, pero no
son suficientes, en nuestra opinión, para explicarla en su radicalidad. Es
necesario ahondar más en hipótesis que han sido usualmente utilizadas para
explicar los conflictos laborales y que vale la pena poner a prueba en este
caso…La primera, tiene que ver con la relación que puede existir entre la
coyuntura económica y el estallido de huelgas. Es decir, en esta hipótesis
explicativa, que podemos denominar “economicista”, se busca remitir el estallido de las huelgas a uno de los factores mencionados o a los dos al mismo tiempo…La
segunda hipótesis se refiere a la relación que puede existir y que de hecho
existió entre planteamientos ideológicos como el anarcosindicalismo y las
huelgas. Aquí, es importante referirse al lugar que la violencia obrera asumía
en la lógica del discurso anarquista y en el sentido que ésta ocupaba en él
para poder rendir cuenta cabal del propósito que ella asumió cuando estalló el
conflicto.
Dicho
de otra manera, no fue porque las empresas no pudieran satisfacer las demandas económicas de los trabajadores que estallaron los conflictos. Debe descartarse
entonces la hipótesis economicista en la interpretación del sentido de la
reacción empresarial a las inquietudes de los obreros… Como lo muestra Leticia
Gamboa con detalle, la conflictividad se derivaba de una serie de agravios que
los trabajadores experimentaban en el interior de las fábricas, como la jornada de trabajo (14 horas diarias) y las multas por fallas en
los equipos, que eran imputadas a los trabajadores. También eran acreedores de
faltas que se les atribuían por recibir visitas en sus viviendas o por leer
periódicos. Y por último, pero por eso no menos importante, debe mencionarse
las prácticas leoninas de los dueños de las tiendas de raya. Esos agravios, que
los trabajadores resentían fuertemente, no fueron solventados por el laudo
arbitral del presidente Díaz, lo que tendió a agudizar las tensiones laborales
en esa región del país.
Sin embargo, como lo mencionamos antes, existe otra
hipótesis que puede ayudar a explicar el estallido de esos conflictos y que ha
sido mencionada más frecuentemente que la explicación económica que hemos
descartado. Esta hipótesis tiene que ver con el grado de penetración del
discurso anarquista en la conciencia de los mineros de Cananea, de los obreros
textiles de Atlixco y de los obreros de Río Blanco. En este caso, nos permite
revisar la cuestión del impacto que la ideología anarquista pudo tener en la forma que asumió esta huelga y otros conflictos que ocurrieron en el periodo
1906-1907, como son los enumerados por Womack en la introducción de este libro.
Hay
dos cuestiones centrales en este debate: a) por un lado, el anarquismo
tuvo un componente letrado importante y b) por otro, el anarquismo está
directamente asociado con el uso de la violencia como mecanismo de acción… a)
Prensa obrera, anarquismo y religión. Los innumerables panfletos, periódicos,
folletos, proclamas, manifiestos elaborados y publicados por intelectuales como Flores Magón y Soto y Gama, entre muchos otros inspirados en los ideólogos
clásicos como Proudhon, Bakunin y Kropotkin, daban cuenta de una estrategia en
la que no cabían medias tintas… b) El anarquismo y el sentido del uso de
la violencia. Por otro lado, en términos operativos, los anarquistas, de las
más variadas tendencias, coincidieron siempre en que el enfrentamiento impetuoso, el sabotaje y la huelga salvaje contra el poder estatal y contra el
poder del capital debía darse en forma confrontacional. Los
anarcosindicalistas recomendaban a los trabajadores que debían utilizar métodos
violentos en la lucha por sus demandas y abstenerse de buscar la negociación
de contratos colectivos de trabajo.
De
manera que para concluir, podemos afirmar que el conflicto de Río Blanco no
responde a una lógica económica en la que los patrones hayan desarrollado una
estrategia confrontacional porque atravesaban una coyuntura desfavorable, sino
que responde a una lógica en la que la toma de conciencia de los trabajadores
de los agravios a los que estaban sometidos, fomentada por la prensa y los
medios de difusión de la época, fue reforzada por la penetración de las ideas
anarcosindicalistas en estas localidades. Por otra parte, el conflicto
respondió a una estrategia confrontacional no negociadora que impulsaban muchos
de los dirigentes que animaron los conflictos. En este libro se pueden
encontrar todos los elementos que ayudan a sustentar estas hipótesis y permiten avanzar en la comprensión de la génesis de las acciones colectivas que
tuvieron lugar en México entre 1906-1907.


Muy bien cuando gustes te paso alguna bibliografía sobre los hermanos Magon, al igual que otros autores
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