martes, 26 de junio de 2018

ANTECEDENTES: El Porfiriato

Durante la época del porfiriato se podría decir que México tuvo un crecimiento a manera general:


  • En educación se creo la Ley Orgánica de Instrucción Pública y ademas se crearon las Escuelas Normales para los maestros. 
  • En lo cultural durante el porfiriato llego al país el cine, la fotografía y el teatro tuvo un gran auge; ademas se construyeron grandes monumentos como El Palacio de Bellas Artes, El Monumento a la Revolución, El Ángel de la Independencia, entre otros.
  • En lo económico hubo un crecimiento significativo pues hubo grandes avances tecnológicos como la expansión del ferrocarril, el tranvía, el telégrafo, las termoeléctricas y la apertura de una gran cantidad de fabricas, esto se dio en gran parte gracias a que el presidente Días promovió la inversión extranjera en el país.
Todo esto ayudo a que las clases sociales altas de México vivieran una época de lujos y opulencia, al mas puro estilo europeo. Lamentablemente no fue igual para la clase baja, pues con dicho crecimiento solo se abrió mas la brecha entre clases, sumiendo a obreros y campesinos en una profunda pobreza.


Echa un vistazo a este vídeo ↓↓↓↓↓↓↓



lunes, 25 de junio de 2018

Mientras tanto en Veracruz...

El gobernador en ese entonces era Teodoro A. Dehesa Méndez, quien gobernó desde 1892 hasta 1911.


Teodoro A. Dehesa, Gobernador de Veracruz, retrato.
Instituto Nacional de Antropología e Historia


EN ESTE LINK PUEDES ENCONTRAR SU BIOGRAFÍA 
http://juridico.segobver.gob.mx/gobernadores/39B.pdf 


Y al igual que en el resto del país, en Veracruz se empezaba a vivir un conjunto de cambios y de avance tecnológicos gracias a la inversión extranjera. 

En total había aproximadamente 93 fabricas textiles en todo México, de las cuales 13 estaban en Veracruz, 7 en Coahuila, 2 en Colima, 1 en Chiapas, 3 en Chihuahua, 8 en Durango, 6 en Guanajuato, 2 en Guerrero, 3 en Hidalgo, 5 en Jalisco, 8 en México, 4 en Michoacán, 4 en Nuevo León, 1 en Oaxaca, 32 en Puebla, 4 en Querétaro, 1 en Sinaloa, 1 en San Luis Potosí, 1 en Sonora, 9 en Tlaxcala, 2 en Tepic y 11 en el Distrito Federal. (Moisés González Navarro, La huelga de Río Blanco)

Orizaba llego a ser de las ciudades industriales y manufactureras mas importantes del país, destacando en ello las fabricas de:  Río Blanco, Cocolapan, San Lorenzo, Santa Rosa, Cerritos, Santa Gertrudis y Mirafuetes. Siendo Río Blanco de las mas grandes e importantes del país.


Las fabricas textiles del Valle de Orizaba. Agustín García Solís


"La inauguración de la fabrica de Río Blanco el 9 de octubre de 1892 constituyo un gran acontecimiento de resonancia internacional, estando presente el señor presidente Porfirio Díaz, sus ministros y delegaciones extranjeras, que fueron recibidos de forma apoteótica y colmados de atenciones y regalos de los nuevos productores textiles". (Heriberto Peña S., El gran circulo de obreros libres)
Fábrica textil de Río Blanco

Del libro "México, Bosquejo General"


Con la apertura de las nuevas plantas textiles hombres y mujeres comenzaron a llegar de diferentes estados como Oaxaca, Puebla, Tlaxcala, Hidalgo, México, Querétaro, Guanajuato, etc. en busca de empleo y casi todos encontraron acomodo dentro de las fabricas.

"El régimen porfirista había logrado conformar un sector minero y uno textil que eran productivos, dinámicos y cumplían con las exigencias del mercado, tanto nacional como internacional [...] sin embargo con esa prosperidad los trabajadores expresaron intensos agravios en los conflictos que tuvieron lugar en 1906-1907, sobre todo acerca de las condiciones de trabajo imperantes dentro de las fabricas." (Francisco Zapata, Critica de libros)


Telares de la fabrica de Río Blanco. 

SI DESEAS VER MAS FOTOS SOBRE ORIZABA, SUS FABRICAS Y OBREROS 
AQUÍ ENCONTRARAS ALGUNAS ➯ https://www.noticentroorizaba.com.mx/retratos-de-historia-regional-1/




domingo, 24 de junio de 2018

LA HUELGA DE RÍO BLANCO: CAUSAS

La vida fabril era dura y mal pagada. Los obreros laboraban 14 y más horas diariamente. Entraban a las seis de la mañana y salían 8:30 de la noche, disponiendo tan solo de una hora en la jornada para tomar sus alimentos. Recibían pésimo trato de parte de directores, correteros, maestros, cabos y empleados de confianza, que hasta se daban el lujo de propinarles coscorrones y puntapiés si tenían alguna falla o abandonaban momentáneamente el lugar y en esos momentos llegaba a pasar uno de los anteriores señalados.

Un mudador ganaba 25 centavos diarios y un tejedor, que era el mejor pagado, obtenía hasta diez pesos a la semana… los sueldos no cubrían las necesidades básicas de la familia pues de la raya tenían que salir para comer, para vestir y para ver al “curandero” cuando alguien enfermaba [...] al trabajador se le aplicaban en la fábrica sendas multas por distintas causas, aunque él no fuera culpable, digamos, por ejemplo, por el deterioro del material causado por el constante uso… Por una lanzadera rota le quitaban cincuenta centavos al tejedor. Por una canilla que estuviera tirada en el suelo, multaban con diez centavos al oficial más próximo. Por una libreta mal cuidada un tostón. Por un pasatrama roto una peseta. Y aquel que era sorprendido fumando en el excusado, además de llevarse un regaño y respectivo puntapié, le quitaban de su raya un tostón. Y si alguien se dormía y no entraba el lunes, aparte de que no le pagaban el día, todavía lo multaban con un peso y amenazaban con degradarlo en el trabajo o separarlo… Había otra clase de exacciones, que los empresarios llamaban indemnizaciones por producción defectuosa y por las cuales mermaban los salarios de los tejedores, sea por un hilo corrido, una marra, un hilo doble o cualquier otro defecto visible […] A todo lo anterior, le cargamos la obligación de pagar de su propio sueldo al peón cargador de telas.

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Obreras de Río Blanco





Los obreros estaban en la inopia con tanta explotación, ahora ya no solamente del patrón sino también de un monopolista extranjero que controlaba las tiendas de raya en la región y que les proporcionaba víveres y aguardiente a precios exorbitantes o les vendía vales con un 25% de rédito en una semana.


TIENDA DE RAYA


Calladamente el obrero soportaba todo, pero ya en su espíritu se iba forjando una idea de rebelión contra tanta injusticia. En el año de 1896 un buen día en forma inesperada en la fábrica de Río Blanco se les hace saber a los tejedores que todos los martes y jueves tendrían que trabajar hasta las 12 de la noche[…] Los tejedores no soportaron más y estallaron en cólera ante las pretensiones de la empresa […] acordaron no aceptar la monstruosa disposición […] después de la hora acostumbrada a salir nadie quiso seguir laborando, abandonando la factoría[…] Al ver la empresa que el movimiento fue colectivo y había peligro de que los obreros tomaran medidas más drásticas opto mejor por desistir de sus propósitos de aumentar el número de horas de trabajo, sistema que si se llevaba a efecto en fábricas de Puebla y Tlaxcala.

La fábrica de Río Blanco se expandía y un nuevo departamento de telas se ponían en marcha gracias al trabajo de los obreros, sin embargo, la empresa lejos de considerarlos, se volvió más drástica y aumento en forma escandalosa el cobro de multas por ropa defectuosa. Los trabajadores no pudieron reprimir su ira y en masa fueron a protestar ante el director de tejidos […] El director no hizo caso y a gritos los mando que regresaran a su lugares; pero todos los tejedores no se amilanaron por las amenazas del director Stadelman y sabiendo que estaban pidiendo algo justo, decidieron dejar las maquinas e irse a la calle. Al saber lo sucedido, los tejedores del otro departamento hicieron causa común y también abandonaron el trabajo. A orillas del Río Blanco se reunió la mayoría para nombrar una comisión que se encargara de entrevistar al administrador.


Los comisionados fueron a hablar con la empresa y ante la sorpresa general de sus compañeros obtuvieron que fueran abolidas las multas por producción defectuosa y también lograron un pequeño aumento de tres y cinco centavos en algunas marcas de telas. Explosión de júbilo fue la que estallo entre los tejedores que empezaron a comprender que la fuerza dependía de la unión de los obreros. Por primera vez habían presentado un pliego de peticiones ante la compañía y habían obtenido resultados favorables. Eso ocurría en el transcurso del año de 1898.

En el año de 1903, ya cansados de ser víctimas del mal humor y estallidos coléricos de cabos, correiteros y maestros, un día lo trabajadores de Río Blanco se impacientaron y se lanzaron a una huelga. El motivo fue provocado por el nombramiento como correitero para esa factoría de Vicente Linares, hombre de mala fama que era terror de los obreros de San Lorenzo. Por primera vez se registró ese movimiento y la palabra huelga hizo conmocionarse a patrones y autoridades que de inmediato, amenazaron a los trabajadores y los presionaron para que regresaran a sus labores, porque los obreros no estaban organizados ni contaban con los medios económicos para hacer frente a una situación de huelga por lo que tuvieron que poner fin a si gesto rebelde.

Y así, sin temor al peligro que para ellos representaba el hacer reuniones, los obreros de la fábrica de Río Blanco empezaron, en pequeños grupos, a darse cita en la casa del señor Andrés Mota, los días domingo, para deliberar sobre la conveniencia de formar un frente de defensa […] Destacaban en las juntas, como paladines del incipiente movimiento de unidad, las figuras del profesor José Rumbia, el obrero Manuel Ávila y José Neira que había arribado a Río Blanco a principios de 1906 y quien tan pronto empezó a laborar en la fábrica hizo contacto con los antes señalados para ayudar a la causa exponiendo que él estaba en contacto con los hermanos Flores Magón acérrimos enemigos de la dictadura porfirista.


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La asamblea que marco la ruta de lucha fue la efectuada el 2 de abril de 1906. Manuel Ávila y José Rumbia con voz calmada, llena de fervor en sus ideales, pedían que se organizara una Sociedad Mutualista que actuara en forma moderada, sin precipitaciones […]José Neira se levantó de su asiento y “rugió” su desacuerdo con ese plan explicando que se debía proceder con energía pues obrando con suavidad solamente harían el ridículo…]Se llegó a un acuerdo: Formar la directiva y darle nombre al grupo y, por aclaración unánime, se aprobó el presupuesto por José Neira, “Gran Círculo de Obreros Libre de Río Blanco.

Las juntas de trabajadores se simulaban de carácter religioso o artístico; sin embargo, era ya imposible ocultar cual era el verdadero fin pues ya era conocido en Nogales y Santa Rosa e inclusive llegaban obreros de las fábricas de esas poblaciones para participar en los debates. De ahí que tan pronto se formó el Gran Circulo de Obreros Libres de Río Blanco la empresa textil inicio sus represalias y persecuciones contra quienes más sobresalían.

Los trabajadores dentro del Gran Circulo lucharían por la implantación de la jornada diaria de ocho horas de trabajo, mejores salarios, servicios médicos en el interior de la fábrica y respecto a su condición humana de trabajadores. Además, en el caso de que algún miembro del Gran Circulo fuera reducido a prisión, encontraría la solidaridad del caso entre sus compañeros.

Pronto empezó a sentirse la fuerza del Gran Círculo y sus actividades pasaron de las simples palabras a los hechos y así vemos que a principios de junio del mismo 1906, los trabajadores de San Lorenzo se lanzan a una manifestación de nogales a Rio Blanco, llevando a la cabeza a Francisco Romero Sánchez y a José Neira, para protestar contra el administrador de aquella fábrica.

Impacto tremendo causó en la región Orizaba la aparición del primer número del periódico Revolución Social, órgano del Gran Circulo de Obreros Libres de Río Blanco y el cual apareció el 3 de junio de 1906 […] La prensa servía como arma de lucha a Neira y camaradas para orientar a la clase obrera y para combatir a los periódicos gobiernistas que siempre pintaban la situación mexicana como de las mejores del mundo […] Los industriales pusieron el grito en el cielo cuando leyeron el periódico Revolución Social. Clamaron justicia al gobierno, el Jefe Político le pidieron el encarcelamiento de José Neira y socios.

José Morales asume el cargo de Presidente del Gran circulo, ya que el primero había muerto y el segundo tuvo que uir al ser perseguido por el gobierno [...] “Acepta el cargo y si al infierno nos llevas, allá iremos contigo, Morales”. Dramático momento, José Morales se conmovió al ver la fe que en el ponían ese puñado de hombres valientes, cansados ya de  tantas vejaciones […] José Morales se dirigió al gobierno del estado pidiéndole autorización para el funcionamiento de lo que llamaba “Sociedad de Previsión y Ahorro” en la fábrica de Río Blanco y tuvo la satisfacción de que don Teodoro Dehesa, que era el gobernador, le otorgara el permiso requerido por conducto de Don Carlos Herrera, Jefe Político del Cantón.

En octubre de 1906 José Morales fue llamado a Puebla por Pascual Mendoza quien le dijo que los trabajadores de Puebla y Tlaxcala  querían pertenecer al gran Círculo de obreros Libres de Río Blanco y fueron aceptados con beneplácito general. Desde ese momento la organización acelero su paso y pronto se tornó nacional pues lo mismo de Querétaro, Hidalgo, México, Oaxaca, que de las fábricas de San Bruno, el Dique en Jalapa y otras de distintos estados, ingresaban al Gran Circulo, dándole una fuerza tremenda que hizo cundiera la alarma entre los capitalistas que exigían al gobierno acabar con esa organización obrera y con sus dirigentes.

En el otoño de 1906 uno de los empleados superiores de La Hormiga persuadía a los obreros a que solicitaran aumento de salario o disminución de la jornada de trabajo; fue cesado por esa causa. Antes de abandonar la fábrica pidió que se le permitiera despedirse de sus compañeros, y aprovechó la ocasión para incitar a que declararan la huelga y pidieran su reposición.


Los obreros de la fábrica de Santa Rosa se lanzan a un movimiento huelguístico el 22 de octubre de 1906 y hacen temblar a los empresarios que jamás habían tenido un conflicto tan grande como ese que duro más de veinte días pues los trabajadores volvieron a su labores hasta el 12 de Noviembre de ese citado año y durante su periodo de huelga comprendieron la fuerza que daba la unidad ya que sus compañeros de esta región, así como los de Puebla, Jalapa, Tlaxcala y otro lugares, tan pronto supieron del problema les enviaron ayuda económica y en víveres, lo que les permitió afrontar la situación durante ese lapso.

El capital se estremeció al comprobar la fuerza avasalladora que había adquirido el Gran Circulo de Obreros libres y que había demostrado en la huelga de Santa Rosa, por lo que también los señores industriales se organizaron formando el Centro Industrial Mexicano… de inmediato acordaron establecer un reglamento de trabajo en sus fábricas para evitar que los obreros siguieran unificándose y exigiendo mejores salarios y jornadas con menos horas de trabajo.

Un reglamento oprobioso fue el que fijaron los patrones poblanos y tlaxcaltecas que atropellaban así todos los derechos del hombre […] los trabajadores laborarían más horas de lo acostumbrado en vista de la demanda de ropa… el operario pagara a la empresa una indemnización por la ropa defectuosa que llegue a producir, por las piezas que se rompas de su máquina, y que los trabajadores no podrán recibir en sus casas visitas de parientes o amistades si no es con el visto bueno de la empresa respectiva.

En los primeros días de diciembre se reunieron 500 obreros poblanos en un teatro, para plantear sus peticiones de aumento de sueldos y disminución de trabajo. Pronto sumaron 6,000 los huelguistas de la industria textil poblana que se opusieron al nuevo reglamento impuesto por los empresarios: jornada de trabajo de 6 de la mañana a 8 de la noche, con 45 minutos para comer; prohibición de visitas; y pago de los útiles que se rompieran. Los obreros pidieron la derogación de ese reglamento y el aumento de 5 centavos en cada pieza de manta gruesa y tres en la fina. Durante los primeros días de diciembre su comportamiento fue pacífico. A los poblanos se unieron los tlaxcaltecas, con lo cual el total de huelguistas ascendió a 6,800. Un diario católico calificó de injustas sus pretensiones. Los propietarios resolvieron no acceder, y los huelguistas amenazaron con una huelga general. Los voceros oficiales calificaron de ridícula su actitud y afirmaron que sólo consideraban su interés particular. Para el 6 de diciembre ya era total la huelga en 34 fábricas poblanas y tlaxcaltecas.

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Tres mil obreros se reunieron en el Teatro Guerrero de la ciudad de Puebla para estudiar un proyecto de reglamento… En él se prescribía una jornada de trabajo de 6 de la mañana a 8 de la noche, menos 45 minutos para almorzar y otros tantos para comer. Los sábados terminarían las labores a las cinco y media de la tarde; el 15 de septiembre y el 24 de diciembre sólo se trabajaría medio día. No se admitiría a trabajar a ningún obrero ebrio. Se pagarían los sábados. Los empleados no podrían maltratar a los obreros, porque esto, además de constituir un delito, era un hecho salvaje reprobado por las naciones cultas; los obreros también respetarían a sus superiores. Se prohibía a empleados y maestros cobrar a los obreros por proporcionarles trabajo. Los maestros vigilarían las máquinas, los obreros las conservarían en buen estado y no serían responsables por averías accidentales. Por arbitraria se derogaría la orden de que no leyeran periódicos. No se descontaría a los obreros el pago del médico, de la tienda ni ninguna otra cosa. Los obreros que tuvieran comisiones legales no serían separados por ese motivo; en cada centro de trabajo habría dos representantes del Círculo de Obreros para informar a la administración de la fábrica y a su sociedad de los desórdenes que advirtieran. Se prohibía el trabajo a aprendices menores de 14 años, de acuerdo con la ley de instrucción pública. El pago de los tejidos defectuosos y el de los no incluidos en ese reglamento se haría a juicio de la comisión permanente de cada fábrica. Se prohibirían las tiendas de raya, por anticonstitucionales y perjudiciales para la clase obrera. Dueños, administradores, gerentes y maestros de las fábricas obedecerían rigurosamente los artículos V y XIII de la Constitución. El operario que por falta de ayudantes desempeñara el trabajo de éstos recibiría la remuneración que a ellos correspondería por esa labor. Los obreros que por debilidad física no pudieran desempeñar el trabajo solicitado por la fábrica, no serían cesados por ese motivo, "pues, como es de entenderse, no será posible que todos tengan fuerza igual; lo mismo que los obreros mayores de edad que han acabado sus vidas en las fábricas, sólo por esta razón deben ser dignos de toda consideración". En los accidentes de trabajo se pensionaría al operario con la mitad de su jornal durante el tiempo que residiera en la fábrica. A quienes trabajaran de noche se les aumentaría un 25 %, por ser un trabajo más rudo. Se consideraron como días festivos los siguientes:  6 de enero; 2 y 5 de febrero; 19 de marzo; lunes y martes de carnaval; jueves y sábado de la Semana Mayor; 5 de mayo; jueves de Corpus; 24 y 29 de junio; 15 de agosto; 8 de septiembre, sólo en Puebla y Atlixco; 9 y 2 de noviembre; y 8, 12 y 25 de diciembre.

Ante la vil actitud industrial, los trabajadores de Puebla se pusieron en huelgo el 3 de diciembre de 1906, todos dispuestos al sacrificio antes que seguir permitiendo más injusticias y esclavitud… La huelga se fue generalizando a todas las fábricas textiles de los estados de Puebla y Tlaxcala y todos los trabajadores acordaron no acatar ninguna de las cláusulas del reglamento, exigir mejores salarios y reducción de horas de trabajo.

Los propietarios estaban muy confiados en que la huelga fracasaría, porque no necesitaban a los obreros, cuando menos durante las tres semanas que emplearían en instalar una nueva maquinaria. En los primeros días de diciembre regresaron 250 operarios del departamento de estampados, pero continuaron en huelga 350 tejedores, dispuestos a resistir, con la ayuda que les proporcionaba el Gran Círculo de Obreros Libres, o a cambiar de oficio como lo habían hecho cinco años antes, cuando la fábrica cerró durante un año por el alza del algodón.

Apenas los obreros de Puebla y Tlaxcala elaboraron su contrarreglamento y se lanzaron a la huelga, los del valle de Orizaba les empezaron a enviar ayuda, pero siguieron trabajando; en ese sentido, habían permanecido relativamente fuera del conflicto. El 24 de diciembre, sin embargo, los que sabían leer se encontraron con un  letrero en las entradas de las diferentes fábricas que anunciaba la suspensión del trabajo hasta nuevo aviso.




¿QUÉ OPINAS DE LA SITUACIÓN LABORAL QUE VIVÍAN LOS OBREROS EN EL PORFIRIATO?

¿QUÉ DIFERENCIAS Y QUÉ SEMEJANZAS HAY CON LA SITUACIÓN LABORAL QUE VIVIMOS EN LA ACTUALIDAD?

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Reconociendo la magnitud del caos, los industriales de todo el país se reunieron el sábado 22 de diciembre de 1906 en la capital a invitación que les hiciera el Centro Industrial Mexicano, que les pidió a todos su cooperación decidida para acabar con el conflicto que amenazaba con darle dolor de cabeza a todos los patrones si no ponían un hasta aquí definitivo a los trabajadores. Los empresarios tomaron una determinación fulminante, el cierre de todas las fábricas que existían en la República pues  uno de ellos dijo que los obreros se habían organizado en tal forma que si una sola fabrica laboraba de ahí saldría la ayuda para los huelguistas.

Se dijo que el plan de los obreros era declarar huelgas parciales, con el objeto de ir venciendo una por una a las diversas fábricas, y de que los que trabajaban pudieran ayudar a los huelguistas. Enterados los empresarios de este propósito, o con este pretexto, decidieron cerrar todas las fábricas de una vez, aprovechando la época de los balances y el hecho de que tenían muchos productos almacenados; el cierre no les acarrearía pérdidas.

Enterados los empresarios de que los obreros de las otras fábricas textiles donaban un día de salario para auxiliar a los huelguistas, decidieron cerrar, dejando a unos 22,000 hombres sin trabajo. Los voceros de la política oficial reconocieron que los propietarios debían mejorar las condiciones de trabajo de los obreros, hasta por su propia conveniencia, pero no ceder por la huelga. En las fábricas de Orizaba quedaron sin trabajo unos 10,000 obreros. Según unos, el paro debía doblegar a todos los trabajadores textiles, otros invocaban el pretexto de los balances. La prensa gobiernista se apresuró a advertir que en Orizaba había dos compañías del  13° batallón de infantería…Los propietarios del Distrito Federal y de los Estados de Veracruz, México, Querétaro y Guadalajara decidieron suspender las labores, dejando cesantes a 25,000 obreros y afectando a unas 100,000 personas. La prensa gobiernista advirtió de nuevo que en Orizaba, en Puebla y en Querétaro había más de dos mil soldados con las órdenes más severas y estrictas para reprimir cualquier desorden; exhortó a los obreros a que regresaran a sus labores y obtuvieran por otros medios el aumento de salario. Las fábricas más importantes tenían anexas viviendas (generalmente de dos piezas, con buena agua y ventilación); por lo pronto no se ordenó que fueran desalojadas por los huelguistas.

No había ninguna huelga en Orizaba y otras regiones; eran los patrones los culpables del cierre de las factorías y de la situación aflictiva por la que cruzaban sus trabajadores a los que lejos de calmarlos los exaltaba y hacia que fuera mayor el odio que sintieran por sus explotadores

El paro patronal los tomaba desprevenidos y sin la esperanza de recibir el habitual auxilio solidario de los trabajadores del altiplano; algunos comerciantes en pequeño, perjudicados por el comercio monopolista de Víctor Garcín, habían ofrecido créditos a los obreros y el jefe político mismo les proporciono algunos víveres […] Así, si ahorros y sin trabajo, el fantasma del hambre apareció y se comenzó a vivir empeñando los enseres y vendiendo pieza a pieza cuanto contenía la casa.


El nuevo año llegaba, pero en esa ocasión no había de ninguna manera motivo alguno para celebrarlo con regocijo. Todo lo contrario, había hambre. Hambre de pan  y de justicia en todos los hogares textiles que sufrían las consecuencias del absurdo cierre de las fábricas… Estaban paralizadas en Puebla 32 factorías; en el estado de Veracruz 13; en el Distrito Federal 11; en Tlaxcala 9; en el estado de México 8; en Coahuila 7; en Durango 8 ; en Guanajuato 6; en Jalisco 5; en Nuevo León 4; en Chihuahua 3; en Hidalgo 3; en Colima 2; en Tepic 2; en Guerrero 2 y en Chiapas, Oaxaca, Sonora, Sinaloa y San Luis Potosí una en cada entidad, lo que significaba que miles y miles de obreros estaban sin trabajo.

Al fin Porfirio Díaz cedió a las peticiones y anuncio que el viernes 4 de enero de ese año de 1907, recibiría a representantes obreros y patrones para escucharlos y dictar su fallo que  pusiera fin al conflicto […] Hacia el mediodía del viernes 4, los representantes obreros, acompañados del vicepresidente, pasaron al despacho presidencial donde fueron recibidos por el general Díaz quien les leyó su laudo, diciéndoles que ya los patrones lo habían aceptado y que por tanto el lunes 7 a la hora de costumbre empezarían las labores en cada fábrica textil.




Caricatura alusiva a la época del porfiriato

[…] el abominable laudo dictado por el tirano Porfirio Díaz que fue la chispa que encendió el ánimo de los trabajadores textiles en Río Blanco y la región.

Los industriales ofrecieron uniformar las tarifas de todas las fábricas, sobre la base de que las condiciones de trabajo fueran idénticas en las máquinas de preparación de hilados; a los obreros no comprendidos en este caso se les pagaría según los convenios que celebraran con los administradores respectivos; la nivelación de sueldos se haría sobre el promedio de tarifas más altas; se establecería el sistema de primas para los que produjeran más y mejor; todo esto habría de realizarse lo más pronto posible. Se daría a cada obrero una libreta (con un valor no superior a 50 centavos), para que los administradores anotaran la conducta, laboriosidad y aptitud del trabajador; los obreros que perdieran su libreta deberían reponerla a su costa. Los industriales ofrecieron destinar las multas a un fondo para auxiliar a las viudas y huérfanos de los obreros; no se les descontaría el pago de médicos ni los días de fiestas religiosas o nacionales, ni se les haría ningún otro descuento; cada fábrica pagaría un médico para los obreros; sólo se cobrarían a los obreros los materiales que destruyeran culpablemente (la culpa la determinaría el administrador, tomando en consideración los informes de los maestros); los obreros podrían recibir a quienes quisieran en sus habitaciones, y la autoridad dictaría los reglamentos necesarios para la conservación del orden, la moral y la higiene; cuando un obrero fuera separado de una fábrica por una causa que no constituyera un delito, sino una infracción al reglamento de la fábrica, tendría un plazo de 6 días para desocupar la casa en que viviera; en caso contrario, la desocupación debería ser inmediata. Los obreros que tuvieran que hacer alguna reclamación deberían presentarla personalmente, por escrito, al administrador, quien daría respuesta a más tardar en quince días; quedaban obligados a esperar la resolución, y si ésta no les satisfacía podían separarse del trabajo. Los industriales se comprometieron a mejorar las escuelas que tenían en las fábricas, y crearlas donde no las hubiera, para que los hijos de los obreros recibieran educación gratuita. No se admitiría que trabajaran niños menores de 7 años; los que pasaran de esa edad sólo podrían trabajar con el consentimiento de sus padres, y se les daría tiempo para que acudieran a las escuelas a terminar su instrucción primaria elemental; se recomendaba a los gobernadores y a la Secretaría de Instrucción Pública la reglamentación de las escuelas de las fábricas. Los obreros, por su parte, se comprometían a aceptar que los jefes políticos nombraran personas que se encargaran de la dirección de sus periódicos,
*Con el objeto de que en ellos no se deslicen injurias para nadie ni se publiquen doctrinas subversivas que extravían a los mismos obreros. Éstos podrán escribir en los mismos periódicos, dentro de esos límites, todo lo que gusten, con el objeto de levantar el nivel de las clases trabajadoras y de inspirarles hábitos de honorabilidad y de ahorro.
*Artículo 9°-Los obreros quedan comprometidos a no promover huelgas, y menos intempestivamente, puesto que en la cláusula V se establece la forma de que hagan conocer las quejas y sus solicitudes, con el fin de satisfacerlas hasta donde sea justo.

[…] puede concluirse que la violencia que asumió el enfrentamiento del 7 de enero en Río Blanco fue resultado de varios factores entre los cuales se pueden destacar los siguientes: a) el carácter de enclave del lugar, b) el fracaso de las negociaciones entre los trabajadores y los empresarios, c) la posición ambigua asumida por el gobierno de Díaz, al entregar un laudo que no satisfacía las demandas de los obreros textiles y d) la inexistencia de fuentes alternativas de abastecimiento a las tiendas de raya. Este último factor, que descansaba en el monopolio que ejercían las tiendas de raya en la venta de alimentos y otros productos a los trabajadores, problema que no afectaba en forma tan aguda a los obreros textiles de la zona de Atlixco, fue el detonante que provocó la violencia que expresaron las mujeres de Río Blanco en la madrugada del 7 de enero.

No obstante, como lo veremos más adelante, estos factores pueden considerarse como los inmediatamente responsables del estallido de la violencia, pero no son suficientes, en nuestra opinión, para explicarla en su radicalidad. Es necesario ahondar más en hipótesis que han sido usualmente utilizadas para explicar los conflictos laborales y que vale la pena poner a prueba en este caso…La primera, tiene que ver con la relación que puede existir entre la coyuntura económica y el estallido de huelgas. Es decir, en esta hipótesis explicativa, que podemos denominar “economicista”, se busca remitir el estallido de las huelgas a uno de los factores mencionados o a los dos al mismo tiempo…La segunda hipótesis se refiere a la relación que puede existir y que de hecho existió entre planteamientos ideológicos como el anar­cosindicalismo y las huelgas. Aquí, es importante referirse al lugar que la violencia obrera asumía en la lógica del discurso anarquista y en el sentido que ésta ocupaba en él para poder rendir cuenta cabal del propósito que ella asumió cuando estalló el conflicto.

Dicho de otra manera, no fue porque las empresas no pudieran satisfacer las demandas económicas de los trabajadores que estallaron los conflictos. Debe descartarse entonces la hipótesis economicista en la interpretación del sentido de la reacción empresarial a las inquietudes de los obreros… Como lo muestra Leticia Gamboa con detalle, la conflictividad se derivaba de una serie de agravios que los trabajadores experimentaban en el interior de las fábricas, como la  jornada de trabajo (14 horas diarias) y las multas por fallas en los equipos, que eran imputadas a los trabajadores. También eran acreedores de faltas que se les atribuían por recibir visitas en sus viviendas o por leer periódicos. Y por último, pero por eso no menos importante, debe mencionarse las prácticas leoninas de los dueños de las tiendas de raya. Esos agravios, que los trabajadores resentían fuertemente, no fueron solventados por el laudo arbitral del presidente Díaz, lo que tendió a agudizar las tensiones laborales en esa región del país.

De los antecedentes proporcionados en varios capítulos de este libro puede concluirse que los conflictos se derivaron principalmente de una ofensiva empresarial para disciplinar a la fuerza de trabajo dentro de las instalaciones y, en segundo lugar, por frenar el militantismo obrero que podía resultar de los contactos con personas ajenas a los enclaves así como los derivados de la lectura de la prensa anarquista. No se trataba de obstáculos materiales a la satisfacción de las demandas de los trabajadores. También, y esto lo afirman los autores de este libro en varias ocasiones, la posición ambigua del gobierno de Díaz pudo hacer pensar a los trabajadores que contaban con, al menos, la indiferencia del dictador, lo cual podía serles beneficioso, pero que a la postre, reveló más bien que éste los hizo caer en una trampa. Podemos pensar que se trataba de un conflicto que tenía por trasfondo lo que hoy se denomina, un tanto pomposamente, “el disciplinamiento de la fuerza de trabajo”.

Sin embargo, como lo mencionamos antes, existe otra hipótesis que puede ayudar a explicar el estallido de esos conflictos y que ha sido mencionada más frecuentemente que la explicación económica que hemos descartado. Esta hipótesis tiene que ver con el grado de penetración del discurso anarquista en la conciencia de los mineros de Cananea, de los obreros textiles de Atlixco y de los obreros de Río Blanco. En este caso, nos permite revisar la cuestión del impacto que la ideología anarquista pudo tener en la forma que asumió esta huelga y otros conflictos que ocurrieron en el periodo 1906-1907, como son los enumerados por Womack en la introducción de este libro.

Hay dos cuestiones centrales en este debate: a) por un lado, el anarquismo tuvo un componente letrado importante y b) por otro, el anarquismo está directamente asociado con el uso de la violencia como mecanismo de acción… a) Prensa obrera, anarquismo y religión. Los innumerables panfletos, periódicos, folletos, proclamas, manifiestos elaborados y publicados por intelectuales como Flores Magón y Soto y Gama, entre muchos otros inspirados en los ideólogos clásicos como Proudhon, Bakunin y Kropotkin, daban cuenta de una estrategia en la que no cabían medias tintas… b) El anarquismo y el sentido del uso de la violencia. Por otro lado, en términos operativos, los anarquistas, de las más variadas tendencias, coincidieron siempre en que el enfrentamiento impetuoso, el sabotaje y la huelga salvaje contra el poder estatal y contra el poder del capital debía darse en forma confron­tacional. Los anarcosindicalistas recomendaban a los trabajadores que debían utilizar métodos violentos en la lucha por sus deman­das y abstenerse de buscar la negociación de contratos colectivos de trabajo.

De manera que para concluir, podemos afirmar que el conflicto de Río Blanco no responde a una lógica económica en la que los patrones hayan desarrollado una estrategia confrontacional porque atravesaban una coyuntura desfavorable, sino que responde a una lógica en la que la toma de conciencia de los trabajadores de los agravios a los que estaban sometidos, fomentada por la prensa y los medios de difusión de la época, fue reforzada por la penetración de las ideas anarcosindicalistas en estas localidades. Por otra parte, el conflicto respondió a una estrategia confrontacional no negociadora que impulsaban muchos de los dirigentes que animaron los conflictos. En este libro se pueden encontrar todos los elementos que ayudan a sustentar estas hipótesis y permiten avanzar en la comprensión de la génesis de las acciones colectivas que tuvieron lugar en México entre 1906-1907.












sábado, 23 de junio de 2018

El conflicto

Carlos Herrera fue quien recomendó al gobernador del estado que interviniera ante Díaz para resolver el conflicto, “evitando no solamente los perjuicios sino también algún desorden que pudiera sobrevenir si la situación se prolongase por mucho tiempo…” en efecto, confirmado su temor el paro se prolongaría por doce días más; entre tanto, lo menos que pudo hacer fue recomendar a los rurales que no hostigaran a los obreros: “al pueblo no se le toca” ordenaba.

Especialmente irritadas andaban las esposas, madres, hermanas y todas aquellas que tenían hombre o hijo que atender. Algunas de ellas, las de Río Blanco, habían sido humilladas en la llamada “tienda de raya” de Víctor Garcín, quien además de negarles crédito las ofendió. Garcín era un francés que en complicidad con la empresa y con base en el robo a los obreros se había hecho rico en breves años; era dueño de la tienda de raya” de Río Blanco, de El Centro Comercial en Nogales, de nueve pulquerías repartidas entre ambas villas y de otra tienda más instalada en Santa Rosa.


El presidente del gran Circulo de Obreros Libres de Río Blanco, José Morales, salió profundamente desconsolado de la entrevista con el presidente, sabía muy bien que el laudo no sería bien visto por sus compañeros de la región de Orizaba. La tarde del sábado 5 de enero llego José Morales a Río Blanco y de inmediato pidió a los representantes obreros que citaran a una magna asamblea para el siguiente día, domingo 6, en el Teatro Gorostiza de Orizaba, en el fin de dar a conocer dado al problema textil. Desde muy temprana hora del domingo 6 empezaron a fluir por el camino real todos los trabajadores de Santa Rosa, Nogales y Río Blanco, hacia Orizaba para reunirse con sus compañeros de Cocolapan, Cerritos y el Yute. El teatro Gorostiza resulto insuficiente para dar cabida a los miles de trabajadores reunidos, quedando la mayor parte fuera del recinto, siendo vigilados de cerca por rurales y policías que temían se suscitaran dificultades.




El nuevo año comenzó y el domingo 6 de enero de 1907 el camino de las villas hacia Orizaba se vio densamente transitado desde temprana hora por los obreros que iban al Teatro Gorostiza, donde seria leído el laudo presidencial. El valle entero era un largo desfilar de obreros que se dirigían, aislados o en grupo, a la cabecera del distrito, ávidos de saber en qué condiciones retornaría. La asamblea se inició a las diez de la mañana en el escenario del Teatro Gorostiza, que resultó insuficiente para albergar a la multitud asistente.


En medio del silencio y expectación general, José Morales empezó a dar lectura al laudo presidencial; pero, cuando leyó la cláusula tercera que delineaba claramente que cada trabajador tenía la obligación de llevar siempre una libreta de Identificación Personal en la que se le anotaría su conducta y capacidad por el administrador de la fábrica, se inició estruendosa rechifla y la gritería de los trabajadores llamando vendido al presidente del Gran Circulo […] se reunieron los más destacados y valerosos trabajadores aquella misma tarde del domingo 6 de enero de 1907 para deliberar sobre lo conducente y acordaron que ahora si la huelga seria por ellos y que nadie debería entrar a trabajar. Después de largas discusiones se aprobó hacer un llamado desde ese momento a todos los trabajadores de la fábrica de Río Blanco para que nadie entrara a sus labores. Que supieran que los trabajadores del Gran Circulo seguían perfectamente unidos y que protestaban contra el abominable laudo presidencial que solo beneficiaba a los empresarios y reducía a la condición de esclavos a los obreros textiles que ya no tendrían en lo sucesivo libertad alguna para reunirse, protestar o exigir mejores condiciones de vida.



Cuando todo parecía indicar que la crisis de la industria textil había llegado a su término, una chispa incendiaria y sangrienta mostró el enorme caudal de odios reconcentrados que había tras ese conflicto. José Morales, presidente del Gran Círculo de Obreros Libres, informó el día 6 a dos mil obreros reunidos en el teatro Gorostiza de Orizaba, acerca de la resolución presidencial, y dijo que en 15 días más el presidente Díaz concluiría el reglamento definitivo. La mayoría aceptó el acuerdo, pero también fue importante el número de los que protestaron contra él. La división que existía entre los dirigentes obreros se agudizó. Morales encabezó a quienes se mostraban partidarios de la paz, Rafaél Moreno y Manuel Juárez, presidente y vicepresidente de las sucursales del Círculo de Obreros Libres de Santa Rosa, encabezaron a los que se oponían al acuerdo.

José Morales, recién llegado de la capital, después de una breve introducción, inicio la lectura del laudo: el lunes 7 de enero todos los obreros debían regresar a sus puestos, sujetos a los reglamentos vigentes al tiempo de clausurarse las fabricas; a cambio, se prometía la introducción de varias reformas, tales como la uniformación de salarios de acuerdo con los más altos, la supresión de descuentos por concepto de médico, fiesta u otro fin, al igual que de las restricciones relacionadas con la prohibición de recibir huéspedes en las casas que alquilaba la compañía; estas y otras cláusulas, que eran las primeras, favorecían a los obreros; más adelante, sin embargo, el laudo daba un giro contrario y perjudicaba ampliamente a los trabajadores. Se establecía del uso de libretas personales en las que el administrador anotaría conducta, laboriosidad, eficacia y (seguramente, aunque el texto del laudo no decía) lo levantisco. Además, la manifestación de sus quejas debía reducirse a un escrito que entregarían al administrados, que tendría hasta quince días para contestarlo y al termino de los cuales daría resolución a las quejas de los obreros, que en caso de no quedar satisfechos podrían separarse del trabajo. Este articulo era redondeado por otro que los comprometía a no promover huelgas, porque la manera correcta de protestar era la de los mencionados escritos. Finalmente, se autorizaba al jefe político de cada cantón para que ejerciera censura sobre quienes deberían dirigir los periódicos obreros, a efecto de que no se publicaran doctrinas subversivas que extraviasen a los trabajadores. Estos eran los principales del laudo.

Al término de la lectura […] Se alzó una voz gritando: “que no se aceptaba el reglamento, que primero mártires que esclavos” [...] Ciertamente el laudo les daba concesiones a los obreros, pero les escamoteaba la posibilidad de hacer huelgas y, junto a ello, dotaba de amplios poderes al jefe político y a los empleados de las compañías, para que, por medio de libretas, calificaran lo mismo la conducta cotidiana en el interior de la fábrica que su actividad reivindicativa…. No se atacaba el problema de las tiendas de raya. No, el laudo no era aceptable; perjudicaba particularmente al numeroso grupo disidente a José Morales. Por eso Rafael Moreno y Manuel Juárez, dirigentes del GCOL de Santa Rosa, fueron los que encabezaron la protesta con el Teatro Gorostiza contra este intento del gobierno de poner coto a la creciente militancia de los textiles del país.

El lunes 7 de enero a las 5:30 de la mañana, cuando silbaron las fábricas de la región, esto era penas un presagio; como de costumbre, como todos los días hasta antes del paro, los obreros se sacudieron el sueño y emprendieron el camino a las diferentes fábricas en medio de la oscuridad y del frió de la madrugada. En la Santa Rosa se presentaron a las seis de la mañana la mayor parte de los operarios; sin embargo, solo entraron los mecánicos, los del estampado, las cuadrillas de peones y unos cuantos del departamento de hilados, y ello en medio de la injurias y del rencor de los demás, que se habían atrevido a no someterse al laudo a pesar del compromiso hecho por José Morales. Lo que los animaba era un impulso primario, embrionario, de independencia de clase.

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La fábrica de Río Blanco lanzo al espacio sus agudos silbatos y los obreros se arremolinaban frente a ella pero no entraban. Y no solamente estaban los hombres, también las mujeres hacían acto de presencia como Lucrecia Toris, Isabel Díaz y muchas más, las cuales llevaban tortillas duras que arrojaban a los pies de aquel que hacia el intento de entrar a la fábrica y además , recibía la rechifla y gritería general de los obreros… Solo unos cuantos trabajadores lograron entrar. La inmensa mayoría estaba afuera gritando vivas a México y Juárez y mueras al mal gobierno y a los explotadores extranjeros. La multitud estaba enojada, llena de coraje, de odio contra todos sus opresores y bajo ese estado de ánimo, alguien lanzo el rugido feroz de ¡sobre la tienda, compañeros! Y aquella muchedumbre compacta marcho al instante sobre la tienda de raya del francés Víctor Garcín.

Los trabajadores se presentaron en la fábrica de Río Blanco a las 5 y media de la mañana del día 7; sólo se admitió a los mecánicos, albañiles y tejedores de los telares secundarios; la mayoría de los hilanderos y tejedores empezaron a gritar y a apedrear el edificio. Según otra versión, los dependientes de la tienda del español Garcín se burlaron de los obreros y uno de ellos mató a un trabajador; entonces se inició el ataque a la tienda. Diez rurales intentaron someterlos al orden y fueron dispersados. Margarita Martínez encabezó con una bandera a las hambrientas mujeres, resentidas porque Víctor Garcín se había negado a prestarles lo que necesitaban. Ese extranjero tenía casas comerciales en Nogales, Santa Rosa y Río Blanco; esta última, que ocupaba casi una manzana, era la más importante del lugar; surtía a los obreros de ropa, lencería, pan, abarrotes, carbón y pulque; fue destruida en el motín y las pérdidas se calcularon primero en un millón de pesos y después en $ 200,000.


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Fotografía de la tienda de raya retocada para simular el momento del incendio

[…] contrariamente al mito liberal, no eran los obreros más rudos, sino los tejedores, la crema de los textiles, quienes se oponían a la vanguardia de esta “huelga” doblemente riesgosa, por los antecedentes que le predecían. Eran precisamente los obreros de la Santa Rosa, encabezados por Moreno y Juárez, quienes según las autoridades eran los más “levantiscos e insubordinados”, los que se mantenían firmes y se negaban a regresar a trabajar. Al acuerdo de no entrar a la fábrica se disciplinaban la mayor parte de los trabajadores, con excepción de algunos artesanos calificados y los obreros del estampado, cuya difícil situación económica los hacia más proclives a ceder a la política de las empresas.

Aquí, como en el resto de la región, los obreros acudieron poco a poco a las puertas de la fábrica. Pudieron entrar más o menos trescientos, pero después dos hileras de mujeres se colocaron a ambos lados de la puerta principal gritándoles a los que pretendían seguir entrando y romper la solidaridad proletaria: “¡muertos de hambre!”, “¡sinvergüenzas!”, “¡miserables!”, así como otras frases de mayor sonoridad, a las que agregaban vivas a México, a Juárez, y gritos anti extranjeros de la multitud que se agolpaba a las puertas de la fábrica y que cada vez crecía más con la llegada consecutiva de numerosos obreros. Como el escándalo aumentaba, los porteros cerraron la puerta en el mismo momento en que se escuchó el grito “a la tienda” y un contingente se desprendió hacia la tienda de Víctor Garcín, que distaba unos cuantos metros de la fábrica, frente al negocio hubo un incidente que culmino cuando un empleado de Garcín descargo su pistola sobre los obreros, matando a uno de ellos. La gente se enardeció aún más y se resolvió por el saqueo de la tienda, a la que comenzaron a apedrear, rompiendo los vidrios del único aparador que había. Por él se introdujeron unos cuantos que abrieron las puertas para que entraran los demás e iniciaran el saqueo cargando cuanto podían, mientras los dependientes huían despavoridos por la parte posterior y Garcín era ayudado a escapar.  La policía trato de contener a los obreros pero fracaso en su intento, entrando enseguida en acción los rurales, que cargaron machete en mano. Más la multitud los reto vociferando: “adentro, no sean cobardes”, y los obligo a retirarse bajo una lluvia de piedras. A la par que algunos obreros le prendían fuego a la tienda, otros comenzaron a acarrear comestibles, tercios de tela, máquinas de coser o de escribir, paraguas y cazos, y varios más se dedicaron a ingerir ahí mismo el pulque y los licores que en la tienda se expendían, ante la mirada expectante de los rurales que se habían retirado y situado frente a la tienda.

Mientras unos intentaban poner fuego a la fábrica, otros se llevaban la caja de caudales de Garcín, y otros más libertaban a los presos de la cárcel y cortaban los alambres de la energía eléctrica. A las 9 de la mañana se presentó una fracción del 13° batallón; según un diario católico, dispararon hasta que los obreros, "con insolencia inaudita", mostraron su resolución de hacerles frente. Aunque algunos rurales se negaron a disparar, hubo 17 muertos y 80 heridos. Los obreros se dirigieron entonces a Santa Rosa y Nogales, y saquearon las tiendas. De regreso a Río Blanco, en la tarde del mismo día 7, instigados por Manuel Juárez, incendiaron y arrasaron la manzana donde estaba la casa en que vivía Morales, así como las de sus partidarios; Morales huyó a Atlixco. Fueron aprehendidos muchos obreros a quienes se les encontraron mercancías de las tiendas; otros más se escondieron en las malezas de Río Blanco; en las calles de la fábrica se encontraron pasquines en que se incitaba a la violencia Las familias de los empleados y propietarios se refugiaron en Orizaba. Mientras tanto los obreros de la fábrica de yute saqueaban una casa de empeño, y eran aprehendidos más de 80 trabajadores de la fábrica de Cerritos que escandalizaban cerca de Orizaba, alarmando a esa población. Algunos obreros se apoderaron de armas de las casas de empeño, y con ellas combatieron; llegaron a dominar varias estaciones ferrocarrileras situadas entre Orizaba y Maltrata.


[…] el jefe político, Carlos Herrera, había sido sorprendido. No se enteró de los acontecimientos sino hasta las 6:30, cuando por conducto de la policía recibió un mensaje… dispuso que ensillaran su cabalgadura y ordeno que avisaran al comandante de la policía que alistase la fuerza montada que pudiera poner a su disposición, y 20 o 30 policías de a pie que deberían transportarse en los coches del ferrocarril urbano. El personalmente se dirigió al cuartel de San Antonio por algunas fuerzas del 13° Batallón, y después de ponerse de acuerdo con el coronel Villareal, quien se comprometió a secundarlo, salió a golpe hacia Río Blanco, seguido por una escolta de policías.

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Espantado, el administrador de la fábrica de Rio Blanco, señor Harkington se comunicó con el administrador de Cocolapan pidiendo que entrevistara al Jefe Político y que con urgencia mandara fuerzas armadas para sofocar a los rebeldes que amenazaban la fábrica. El jefe político, Carlos Herrera, dispuso que la policía se alistara para ir a Río Blanco en dos tranvías del ferrocarril urbano y pidió al coronel Villarreal, comandante del 19 batallón, mandara también refuerzos y que además protegiera a la ciudad de cualquier intento rebelde de los trabajadores de la misma.

Una acción efectuada por un empleado de la fábrica, que hirió a un obrero en el interior del edificio, aumento más la agitación al llegar a oídos de los que se encontraban en torno a la tienda. La noticia se transformó al pasar de boca en boca y se oyó después que en el interior de la fábrica estaban fusilando obreros y allá se dirigieron hombres y mujeres cargados de piedras… empezaron a apedrear la fábrica, y eso hubiese ido aún más lejos si no hubieran comenzado a llegar fuerzas de Orizaba… Fue un poco antes de las nueve de la mañana cuando, procedente de esta ciudad, llego en los coches del ferrocarril urbano la gendarmería y, enseguida, arribo un contingente del 13° Batallón, también procedente de Orizaba, el cual se colocó cerca de la multitud pero sin intervenir, por el contrario, en un impulso espontaneo de identificación de clase, un grupo de obreros trato de fraternizar con ellos dirigiéndoseles “palabras afectuosas” para ganarse su neutralidad amistosa.

Entusiasmados, exasperados, enardecidos e inclusive borrachos algunos, los obreros se fueron por la carretera empedrada hacia Nogales coreando: “Viva México”, “Viva Juárez”… La muchedumbre, que ya ascendía amas de mil individuos, después de salir del municipio se desbordo sobre la carretera llevando un retrato de Juárez; tomo rumbo hacia otra casa de empeño, propiedad de Rafael Mateos, y de ahí saco hasta los muebles de la casa. Finalmente se dirigió al Centro Comercial. Establecimiento ubicado frente a la fábrica de San Lorenzo, y expulso a los empleados, en su mayor parte españoles, sin herir a ninguno ni derramar sangre. Al saqueo le siguió una quemazón que se propago hasta las casa vecinas. A esta altura del camino, frente a la fábrica de San Lorenzo, a tropa alcanzo y diezmo a los amotinados. Los soldados del 13° Batallón dispararon y mataron en el momento a seis obreros y dejaron heridos a muchos más. Además, dispersaron a la multitud y rompieron el retrato de Juárez que esta llevaba; las tentativas de ganarse a los soldados habían resultado inútiles.

No obstante, los obrero volvieron a reunirse al poco rato y enfilaron hacia Santa Rosa. Sabían bien que este era un día demasiado esperado. No se podían detener ahora que la ocasión de la justicia había sonado: “Seguimos después a Santa Rosa, caminábamos… a gritos y cantando. Nos sentimos libres y dueños de nuestro destino, después de tanta miseria y opresión. Parecía un día de fiesta”, recordaría un protagonista años más tarde… Más atrás marchaba otro grupo encabezado por Lucrecia Toriz, Mariana Martínez y Filomena Pliego. Toriz venia ondeando el pendón tricolor del Circulo Recreativo Mutualista Morelos, y excitaba a la multitud con “frases subversivas”. Detrás de estas corajudas mujeres venían los que habían apedreado la fábrica que se quedaron rezagados; alguien grito, en su trayecto de Río Blanco a Nogales, que los calabozos de y Nogales estaban pletóricos de presos… y se dirigieron hacia el palacio municipal… por el retraso con respecto al primer grupo, no sabían que los únicos presos encarcelados en esa villa ya habían sido liberados. Por el contrario, ahí los esperaban, para reprimirlos, los soldados del 13° Batallón bajo las órdenes del teniente Dorado. Este oficial, para coronar su acción, agarro a sablazos a Lucrecia Toriz, que venía de caudilla, hasta dejarla inconsciente.

Entretanto, el primer contingente a punto de llegar a Santa Rosa se detuvo frente a la última tienda de Nogales, El Puerto de Veracruz, de dueños españoles; y después de prenderle fuego entro a Santa Rosa, la tercera villa fabril. Allí serían alrededor de las diez de la mañana cuando el alcalde vio llegar, según su propio testimonio, “un grupo de más de 500 hombres armados en su mayoría con pistolas, carabinas, machetes, puñales. Hachas y otros instrumentos, y se dirigieron desde luego a la tienda El Modelo, propiedad del mencionado señor Garcín […]”.

Como a las doce de la mañana llego el capitán Oscaranza con 50 hombres del 13° Batallón, y poco después el jefe político acompañado del coronel Villareal y 100 elementos más del cuerpo de infantería. La multitud optó finalmente por volver sobre sus pasos a Nogales. Ahí, en la llamada Curva de nogales, nuevamente serian víctimas de las descargas de los soldados. Para resguardar la fábrica de algún posible atentado, se quedaron en Santa Rosa el Capitán Oscaranza y 50 soldados que se colocaron en las inmediaciones de la puerta y en las azoteas de los almacenes de algodón.

[…] salió un vagón especial del ferrocarril, que había entrado en la fábrica para sacar a las mujeres y los hijos de los principales empleados de la compañía, lo que excito aún más a los obreros que gritaron injurias al paso del tren: estas fueron contestadas por alguien que iba a bordo, a lo que la muchedumbre replico con una andanada de piedras […] los centinelas apostados en la fábrica apuntaron a la multitud, la cual, lejos de amedrentarse, apedreo a los soldados con más fuerza. La beligerancia en ascenso fue detenida, finalmente, cuando se oyeron tres toques de corneta y los soldados comenzaron a disparar sobre los obreros.

Dramáticos momentos vivía Río Blanco y la región fabril en esa violenta mañana del 7 de enero de 1907. Los trabajadores textiles se habían rebelado contra el Presidente Díaz al no aceptar su ignominioso laudo que solo favorecía al patrón, reduciendo a la condición de paria al obrero […] Los soldados se tendieron en línea para no dejar pasar a los obreros hacia Santa Rosa y dispararon sus armas matando a muchos y haciendo que se dispersaran los demás. Pero, a pesar de todo, muchos llegaron hasta Santa Rosa donde ya los esperaban sus compañeros de esa fábrica y ahí también prendieron fuego a la tercera tienda de raya propiedad de Garcín.

Teodoro Chumacero, fabricante de Río Blanco, se entrevistó con Manuel Nava, presidente de la sucursal del GCOL en la fábrica de Santa Gertrudis, para convencerlo de que incitara a los obreros a abandonar el trabajo. Lo consiguió a las 4:30 de la tarde, y de inmediato a un grupo de obreros partió rumbo al centro de Orizaba encabezados por Manuel Nava, quien llevaba una bandera mexicana y excitaba a sus compañeros. Cuando llegaron al empeño de Eugenio Stadelman, lo encontraron cerrado; no obstante obligaron al encargado a que les abriera: entraron en tropel y en el instante en que apenas se estaban apoderando de los relojes, armas y otros objetos, llegaron grupos de gendarmes que lograron controlarlos.

La más intensa cacería de que se tenga memoria en nuestra región se inició a partir de ese momento. Los rurales recorrían los callejones y lanzaban sus cabalgaduras contra cualquier persona que transitara en los mismos, disparando sus armas sobre cualquier individuo que creyeran era trabajador textil; eran viles asesinos a las órdenes de Villareal.

A la una y media de la  madrugada se detuvo un tren en Santa Cruz, jurisdicción de Nogales, en l llegaba el subsecretario de Guerra, general Rosalino Martínez, con dos compañías del 24° Batallón… Los soldados actuaban con la brutalidad ordinaria que utiliza un gobierno autocrático para aplastar un movimiento social. Los habían traído al vale a reprimir una revuelta y eso hacían; lo mismo asaltaban los cuartos cateando, que sacaban a los heridos ocultos en sus casas, para llevarlos a un viaje sin regreso, o dejaban a los deudos sin su cadáveres. Se detenía a docenas de sospechosos y se buscaba con especial avidez a los militantes destacados; la cacería se prolongaba hasta el amanecer, mientras bajaban las cuerdas de presos a Orizaba, que se cruzaban con los tranvías cargados de soldados que no dejaban de hacer el recorrido de Orizaba a Santa Rosa por la llamada línea peligrosa. Por si no fueran suficientes las fuerzas, el 8 de enero llegaban de Veracruz los coroneles Joaquín Mass y Felipe Mier con 200 hombres, y al día siguiente vendrían 40 rurales de Tehuacán, Puebla, bajo el mando de coronel Víctor Meraz.

Hubo varios encuentros de los manifestantes rebeldes contra las tropas y rurales, imponiéndose desde luego la fuerza armada de la soldadesca porfirista. Sin embargo, la actitud rebelde de los trabajadores del Gran Circulo de Obreros Libres de Río Blanco fue una protesta contra la dictadura imperante y logro que el país se sacudiera y despertara de su letargo… el cuadro más sublime teñido con la sangre de obreros mexicanos, los precursores de las Revolución Mexicana que 3 años después había de estallar para derrocar definitivamente a la dictadura porfirista.

Mayor alarma causó al día siguiente el rumor de que los amotinados pretendían destruir la instalación hidráulica y el alumbrado público de Orizaba; la tranquilidad llegó cuando se supo que 800 infantes, 60 rurales y 150 policías locales guarnecían la ciudad.

En el amanecer del día 9, mientras los silbatos de las fábricas del distrito volvían a llamar a los obreros […] se llevaban a efecto las ejecuciones ejemplares que la plutocracia porfirista había ordenado. Manuel Juárez y Rafael Troncoso eran fusilados frente a El Modelo en Santa Rosa; a unas decenas de metros, pero ya en el territorio de Nogales, caía Rafael Moreno, en el Puerto de Veracruz; otros tres obreros no identificados fueron masacrados en El Centro Comercial; en Río Blanco, en lo que había sido el gran almacén de Garcín, era acribillado otro más. Reprimidos a sangre y fuego, los obreros tenían que aguantar todo, incluso que varios de sus líderes más consecuentes fueran fusilados en el momento mismo en que ellos se encaminaban de nuevo al encierro fabril.

En las primeras horas del día 9 un grupo de amotinados se presentó en forma hostil en Santa Rosa; cinco fueron muertos, entre ellos Rafael Moreno y Manuel Juárez. Según otra versión, Juárez y Moreno fueron aprehendidos, y se ordenó su fusilamiento en las ruinas de la tienda de Santa Rosa para escarmiento de los obreros. Se mandaron quitar las banderas tricolores colocadas en las puertas de las casas como protección contra posibles ataques. Ese mismo día 9, muy lentamente, se reanudaron las labores: 13 obreros trabajaron en Cocoloapan; 125 en Cerritos, apenas poco más de la quinta parte del total; y en Río Blanco sólo la tercera parte de los 3,000 obreros de esa fábrica.

Ya el día 11 las labores se reanudaron con mayor número de obreros; a Cocoloapan asistieron 72 de los 105 que normalmente trabajaban en esa fábrica; a Cerritos, 103; en la fábrica de yute trabajaban 800, y para esta fecha asistieron 650; en Mirafuentes faltaron 20 de sus 145 trabajadores; en Río Blanco asistieron 2,520, de un total de 2,841; en Nogales, 748 de 935, y en Santa Rosa, sólo 1,345 de 2,137. De un total de 7,083, reanudaron las labores 5,512; el resto huyó; "unos" fueron muertos o heridos, como comentó El Imparcial. También se ocultaron algunos orizabeños de elevada clase social que habían defendido la huelga. Todavía en los últimos días de enero fueron detenidos 118 hombres, mujeres y niños, por habérseles encontrado objetos de la tienda de Garcín; con este motivo se temieron nuevos disturbios. Por algún tiempo permaneció una guarnición de 600 soldados y 200 rurales en las fábricas orizabeñas, en previsión de nuevos desórdenes.

ANTECEDENTES: El Porfiriato

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